¿Y cuando hay enfermedad?

… algunas personas le llevaron a un hombre acostado en una camilla, pues no podía caminar. Al ver Jesús que estas personas confiaban en él, le dijo al hombre: «¡Ánimo, amigo! Te perdono tus pecados.»

Algunos de los maestros de la Ley, que estaban en aquel lugar, pensaron: «¿Qué se cree éste? ¿Se imagina que es Dios? ¡Qué equivocado está!». Pero Jesús se dio cuenta de lo que estaban pensando, así que les preguntó: «¿Por qué piensan algo tan malo? Díganme: ¿qué es más fácil? ¿Perdonar a este enfermo, o sanarlo?

Pues voy a demostrarles que yo, el Hijo del hombre, tengo poder en la tierra para perdonar pecados.» Entonces Jesús le dijo al que no podía caminar: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.» El hombre se levantó y se fue a su casa.Mateo 9:2-7 NTV

Jesús sanó a muchos enfermos, y siempre dio y hoy también nos da dos grandes esperanzas: la primera es que Él puede sanar a cualquiera de cualquier enfermedad si es su voluntad, y la segunda es superior a la primera: ¡Él puede dar salud espiritual a cualquiera!

En primer lugar, para alcanzar esta salud espiritual, es necesario que consideres la importancia de estar en paz y a cuentas con el Creador. En segundo lugar, es importante entender como debes relacionarte con ese Creador.

La relación con Dios, el Creador, se perdió porque nosotros la hemos roto. Todo lo que hacemos que va en contra de sus mandatos nos aleja de Él y, créeme, siempre hacemos lo contrario de lo que Él nos pide. Por esa razón, estamos alejados y por ello debemos pagar un precio: la separación total y eterna del Creador. En este aspecto, nuestra salud espiritual está comprometida, no existe, no tenemos remedio pues no hay nada que podamos hacer por nuestros propios méritos y conocimientos.

Sin embargo, hay esperanza.

Dios dice en su Palabra, La Biblia:

la paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor.Romanos 6:23 NTV

Dicho de otra forma: El precio de vivir separados de Dios por no obedecerlo (lo cual se llama pecado) es pasar la eternidad alejados de Él (lo cual implica sufrimiento eterno) sin embargo, el regalo que Dios nos ofrece es la vida después de la vida, la vida eterna, que significa pasar la eternidad con Él, en su presencia. Esto solo puede lograrse a través de Cristo Jesús, el Hijo de Dios.

Sí, este ha sido el plan de Dios, restaurar la relación que nosotros rompimos y mostrarnos su amor. Ahora bien, ¿cómo ha llevado a cabo esta restauración? Hace poco más de 2000 años, Dios se encarnó y vivió entre nosotros. Lo conocimos con el nombre de Jesús, el Hijo de Dios. Su misión era venir a pagar el precio que tú y que yo deberíamos pagar por nuestro pecado. La Biblia también dice:

Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.Juan 3:16 NTV

Así que, para cumplir su misión y pagar por tus pecados y librarte de la muerte eterna, por su propia voluntad, murió crucificado.

Prácticamente tú y yo lo matamos, porque para hacer que Dios nos viera como inocentes, Él murió en la cruz, llevando el castigo de todos nuestros pecados y pagando el precio de muerte que nosotros merecíamos.

Solo necesitas dar dos pasos para hacer tuyo este regalo de Dios:

  • Reconocer que estás alejado de Él porque eres pecador (“pecado” es hacer las cosas que Dios aborrece, como mentir, robar sin importar si es algo pequeño, desobedecer a los padres, engañar a la pareja, etc.) y arrepentirte de tus pecados y pedirle perdón a Dios. Arrepentirse es que te avergüence y te duela pecar y decidas dejar de hacerlo y vivir como Dios quiere.
  • Creer que Jesús es el Hijo de Dios que vino a morir por tus pecados, en tu lugar; que al tercer día resucitó; y que es el único que puede darte el perdón, la salvación, la vida eterna. Esto es, poner toda tu fe en Él y reconocerlo como Salvador y Dueño de tu vida.
¿Cómo haces esto? Busca hoy mismo un lugar tranquilo y de rodillas, habla con Dios y dile todo esto que has entendido y que ahora sabes que debes hacer. Reconoce delante de Él que eres pecador y confiésale todos y cada uno de los pecados que puedas recordar. Dile que estás arrepentido de la vida que llevas lejos de Él y que deseas obtener su perdón. También dile que entiendes que solamente Jesús, al haber muerto en la cruz y derramado su sangre, puede limpiarte de todo pecado y darte la vida eterna; que has puesto toda tu fe en Él. Dile que a partir de hoy, Jesús es tu Señor y Dueño, y que lo seguirás toda tu vida.

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